LOS PLIEGUES DE LA PIEL



Relojes de arena sin gravedad
Juegan con la teoría de la relatividad.
La arena revolotea contra el cristal
En pequeños huracanes de libertad

El movimiento armónico simple de tu cuerpo
Hace derramarse el placer por los poros
-de cada milímetro de mi piel-

Medimos al detalle nuestras costuras
Acariciando las cicatrices para sanarlas
Y apretamos con fuerza la carne
Intentando rasgar un trozo de cielo

Despegamos nuestro labios
Saboreamos el amargo dulzor
de la perdida de identidad
Mientras envejecemos entre
sábanas usadas.

Eres el número imaginario más bonito del mundo.
-Te susurro-
Me acurruco en tu pecho.
Y respiro al compás de tus latidos.

El tiempo enmudece.
El cristal se agrieta.
La arena sostenida.
Me cuesta más respirar.
Tus latidos han decrecido.
El alma color ocre.
Y los pliegues de la piel se hacen visibles.

El amor pasa a ser asunto de la razón
Y la derivada de nuestra relación
mide la rapidez a la que cambiamos
-divido por dos-


Hoy -cuando escribo esto-
es mucho más erótico vestirte que desnudarte
Bucear en tu crisálida sin oxígeno
-Donde soy un animal en extinción-
Y acabar todo a la orilla de tus ojos
-cual ballena varada-





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